La pequeña se encuentra en pleno proceso de rehabilitación rodeada por su entorno familiar, quienes exigen respuestas urgentes ante la gravedad de lo sucedido.

La madre de la afectada detalló el doloroso proceso que atraviesan y las complejas dificultades que marcan su presente.
La rutina de un hogar en nuestra provincia se quebró por completo. El padecimiento de la menor comenzó a manifestarse el año anterior, intensificándose hasta desencadenar una crisis profunda que aún hoy se mantiene en sus seres queridos.
La niña asistía normalmente a clases hasta que se produjeron reestructuraciones y sumaron nuevos alumnos a su aula, quebrando la armonía que existía. Al notar conductas atípicas en ella, Paula intentó indagar sobre lo que ocurría. Fue así como descubrió agresiones sistemáticas. Al intentar dialogar con los tutores de las otras menores involucradas para frenar el hostigamiento, se topó con constantes negativas y falta de empatía.
El cuadro se agravó cuando los abusos pasaron a ser físicos. Una testigo que trabaja en las inmediaciones del establecimiento alertó que le arrebataban sus pertenencias. A pesar de los avisos, los padres de las agresoras minimizaron las conductas. El punto de quiebre se dio un viernes tras un cruce directo entre los padres, lo que derivó en amenazas e intimidaciones telefónicas masivas hacia el celular de la pequeña. Por la gravedad de su estado posterior, debió permanecer bajo estricto cuidado médico en el Hospital Avellaneda.
El proceso de recuperación es sumamente lento. Tras semanas sin poder movilizarse ni comunicarse con fluidez, hoy muestra leves mejorías bajo estricto tratamiento farmacológico.
Su mamá recuerda con nostalgia la alegría que desbordaba antes de estos episodios y lamenta el enorme esfuerzo que conlleva intentar reconstruir su cotidianidad.
